martes, 5 de mayo de 2015

La chambre bleue de Mathieu Amalric





El origen del mundo de Courbet aparece dos veces en La chambre bleue de Mathieu Amalric (no confundir con "La habitación azul", película mexicana de 2002). Y no sólo a título anecdótico, sino que encierra el verdadero sentido del affaire destructivo entre Julien y Esther: un amor absoluto, aquel que te conduce del nacimiento a la muerte sin solución de continuidad. La pierna de Esther se abre y vuelve a cerrarse en dos planos gemelos que demarcan esos dos límites, la vida y la muerte, en un lapso que de por sí contiene el universo. Esos dos planos-bisagra de la entrepierna de Esther parecen decir: nada más es importante, el argumento, el crimen, el proceso, son meros detalles al margen. Por eso la escrupulosidad en el mecanismo policial, en la trama burocrática, en el tratamiento pseudo kafkiano de las pasiones, elementos que ya se encuentran sugeridos en la obra de Georges Simenon -y las puertas de la ley que se cierran al final del film recuerdan al famoso cuento de Kafka (“esta entrada era solamente para ti; ahora voy a cerrarla”)-. Como un discurso enrevesado e inútil, girando en círculos sobre el telón de fondo de lo eterno, la vida del hombre es este recorrido policiaco, este dar vueltas en torno a la idea del absoluto, sin llegar a tocarlo, o precisamente tocándolo unos instantes, para hundirse irremediablemente con ello.   

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